La València de los mercados, uno de los últimos reductos de socialización en pandemia

«Hacemos un poco de psicólogos, sobre todo con la gente mayor y que vive sola», aseguran vendedores, que han tenido que adaptarse a la situación con envíos a domicilio y pagos por Bizum

“¿Estáis bien en casa?”, pregunta una señora, clienta habitual, al dueño de un puesto de pescado del Mercado Central de València. “Sí, de momento no hemos caído nadie”, responde con una sonrisa. “Que siga así… dichosa mascarilla, ya se me han empañado las gafas otra vez. Esto ya cansa, se hace largo”. Y entra en juego un tercer hombre mayor, que está en la cola con su carrito: “Y tenemos arriba a quien tenemos… unos políticos que no valen para nada y que no saben manejar la situación”.

Un cuarto, de mediana edad, se une y replica: “Hombre, si el coronavirus estuviera solo en España sería verdad. Pero está en todo el mundo, todos estamos igual, unos países un poco mejor y otros un poco peor…”. Y el hombre de antes añade: “Sí, pero mira qué sinvergüencería hay ahora con las vacunas. Cómo se las ponen antes que las personas realmente necesitadas”.

Es una conversación cazada al vuelo, como decimos, en la cola de espera de un puesto del Mercado Central de València. Una escena que evidencia que, para muchos, los mercados municipales se han convertido en los últimos reductos de socialización en pandemia, con bares cerrados y con las reuniones limitadas a dos personas. València tiene 16 mercados ordinarios que se distribuyen por sus barrios.

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